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Cuando estamos pasando por momentos de aflicción, cuando estamos pasando por momentos de pruebas, y por momentos de enfermedad física o enfermedad espiritual.

 

 

Cuando pasamos por soledad y momentos de dudas. Tenemos tantas preguntas en nuestras mentes o en nuestras cabezas y hay tantas preguntas esperando contestación.
Corazones heridos esperando sanar su dolor. Y es impredecible lo que el día de mañana traerá para aquel que no acuda al que tiene todo en su potestad, que es Cristo Jesús. Luchas sin esperanzas, sin encontrar muchas cosas por la cual vivir.
En la Biblia en San Juan o Juan capitulo 5: 1-14
Cuenta la historia: Que cuando Jesús subió a Jerusalén y hay en Jerusalén había un estanque de agua donde se reunía una multitud de personas enfermas. Allí habían: ciegos, cojos y paralíticos que esperaban el movimiento del agua que estaba dentro del estanque.                          
Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo o de vez en cuando al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al  estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. También dice: que allí en la multitud había un hombre que hacia 38 años que estaba enfermo. Y cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así enfermo le dijo: ¿Quieres ser sano? El hombre no reconoció quien era el que le hablaba y no contesto con un si o no la pregunta de Jesús. El hombre solo le dijo:

Señor, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; en lo que yo trato de ir ya alguien desciende antes que yo.

En esos momentos el hombre estaba tan envuelto con su enfermedad  y tan lleno de dolor  y tal vez sin esperanzas de ser sano de su enfermedad. Tal vez el hombre estaba lleno de amarguras. Lleno de tristeza y el hombre estaba tan ocupado con su enfermedad que no pudo reconocer quien era el que le hablaba; pues el hombre hacia 38 años que tenia de estar enfermo.
Pero, a pesar de esto Jesús conocía muy bien su aflicción y su enfermedad, y tuvo misericordia del hombre y le hablo con poder y autoridad y Jesús le dijo:

Levántate, toma tu lecho y anda. Y al instante aquel hombre fue sano y tomo su lecho y anduvo. Y luego Jesús le dijo:  

Mira, has sido sanado; no peques mas, para que no te venga alguna cosa peor. Y el hombre se fue y dijo: que Jesús era el que le había sanado.

Hoy tal vez tú eres como ese hombre, que estuvo enfermo por muchos años. Estas tan preocupado(a) y estas tan ocupado(a) que deseas ser sano de tu dolor y de tus problemas; que cuando clamas a Dios, que cuando llamas a Jesús para que te sane no lo puedes reconocer. Ni ver que el ha estado a tu lado todo el tiempo y te esta preguntando: ¿Quieres ser sano, quieres ser sana?       
Tal vez estas pasando por el valle de la muerte y gritas su nombre: “Jesús sálvame que perezco” y tal vez no hay contestación  y te sientes solo o sola abandonado(a).  Tal vez te has sentado a la sombra del olvido. Te sientes cautivo o preso en tu situación y tienes miedo y todo esta oscuro.
Pero, ¿sabes que? Tu no estas solo o sola, Jesús esta a tu lado aunque no lo veas o escuches. El tiene el poder  de sostenerte, de librarte y sanarte  no importando cual sea tu enfermedad o situación. El esta a tu lado y te pregunta: ¿Quieres ser sano, quieres ser sana?        
Dile que si, aunque no puedas contestar el sabe y conoce tu dolor  y el te ama tanto que el te va a sanar  y te dice:

Levántate, toma tu lecho y anda. (S. Juan Cáp. 5:8)

También te dice: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor. (Juan 5:14)

Cuando estamos pasando por estos momentos tan difíciles, que nos sentimos solos, abatidos y sin fuerzas para continuar y pensamos que Dios no nos escucha. En realidad el esta allí con nosotros y nos escucha. Pero estas tan adolorido o adolorida y tan preocupado(a) que no lo puedes ver o escuchar. Pero en esos momentos el te esta diciendo:
Yo estoy aquí en el mismo sitio, estoy aquí hoy, estoy aquí ahora y   estaré aquí mañana en el mismo viejo escondite donde tú te escondes a llorar y suplicar por ayuda. Yo te escucho  y te veo. Estoy aquí esperándote, esperando que tal vez puedas notar que soy yo quien te acaricia  con la brisa, pero tú vives tan aprisa que no lo puedes notar. Y se que muchas veces me has nombrado y he acudido a tu llamado, pero ni cuenta tu te das. Yo soy aquel que ilumina tus noches, disipando la duda y el dolor. Siempre he sido puntual al oír tu llamar, porque yo soy el Dios que responde.                   
Soy aquel que siempre toca tu puerta. Esperando que puedas responder. Quiero hablarte al oído y decirte hijo mió, hija mía, yo vencí a Satanás y ya no hay que temer. Ahora, vuelvo y te pregunto:

Hijo mió, hija mía, ¿quieres ser sano, quieres ser sana? Pues, levántate, toma tu lecho y anda. Hoy has sido sano, hoy has sido sana, no peques mas, para que no te venga alguna cosa peor.

Yo Jesús, te amo y siempre estaré contigo hasta el fin del mundo y nunca mas estarás solo, nunca mas estarás sola.

 

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